No es frecuente que un investigador pueda reconstruir de golpe y documentalmente la historia, datación y autoría de un talla sacra con tanta precisión. El Cristo del Amparo preside desde que tenemos memoria el presbiterio de la iglesia de San Juan Bautista de Béjar, pero apenas algunas personas recordaban si acaso su advocación. En el olvido del paso del tiempo habían quedado los datos relativos a su historia… hasta el día de ayer.

El Centro de Estudios Bejaranos ofreció una conferencia de nuestro compañero Juan Félix Sánchez Sancho como aporte a la Semana Santa bejarana y lo hizo queriendo tener la coorganización con la Unidad Pastoral de Béjar y la colaboración de las tres cofradías penitenciales de la ciudad para no solaparnos con ningún acto importante de los inicios de la Semana Santa. El conferenciante quería poder contar la historia del Cristo del Amparo en el templo que preside para contemplarlo con mayor proximidad y no hubo dificultad alguna, pues el párroco in solidum de la Unidad Pastoral, don Roberto Hernández Castaño, nos ofreció todas las facilidades.

La breve presentación del acto corrió a cargo de la secretaria del Centro, Carmen Cascón Matas, quien dio paso a Juan Félix Sánchez Sancho. Durante su conferencia asombró a todos al desvelar el nombre del tallista que concibió esta soberbia obra barroca: el escultor palentino Pedro de Sobremonte. Nacido a finales del siglo XVI en Palencia, se formó muy probablemente en los talleres de Gregorio Fernández, de quien se documenta fue su oficial hacia 1617. Unos años antes, en 1601, Felipe III había trasladado a Valladolid la capital de la Monarquía Hispánica. En ese contexto el artista pudo admirar las obras de Pompeyo Leoni o Francisco del Rincón, además de las de Gregorio Fernández. Después de obtener el título de oficial, abrió su taller en Plasencia con el objetivo de obtener clientes lejos del foco de su maestro, aunque no olvidemos que el retablo mayor de su catedral también se debe al maestro de la escultura barroca castellana.

El encargo del Cristo del Amparo a Pedro de Sobremonte, como bien ha reconstruido el investigador, partió del licenciado y sacerdote bejarano Antonio de Bolaños, capellán del convento de monjas terciarias franciscanas de la Anunciación. El contrato se firmó en 1622, precisamente la época en que el escultor pugnaba por llevarse el diseño y la construcción del retablo de Santa María la Mayor de Béjar, que al final fue encargado a los talleres salmantinos de Pedro Hernández. Durante el siglo XVIII fue recogido el milagro de la aparición de este Cristo: una noche llamaron a las puertas del convento y, abriéndolas, se presentaron dos mancebos pidiendo alojamiento para esa noche. En un carro llevaban un bulto de grandes dimensiones. Una vez que penetraron dentro de los muros conventuales, los mancebos desaparecieron milagrosamente. Al inspeccionar las monjas el carro encontraron en él un Cristo de pasmosa belleza.

Durante los siglos posteriores la devoción hacia la Imagen fue acrecentándose hasta que se produjo el proceso de desamortización en 1835. Los tres conventos bejaranos fueron disueltos y las propiedades muebles e inmuebles pasaron al estado. Las imágenes y objetos litúrgicos fueron repartidos entre las iglesias de Béjar y pueblos del entorno, desapareciendo algunas en esta dispersión, perdiéndose otras por incendios y descontextualizándose la mayoría de ellas. El olvido sobre su historia, datación y autoría veló estas tallas hasta el día de hoy, en que los investigadores tienen que recomponer, como en un rompecabezas, su devoción e importancia patrimonial.

La labor de Juan Félix Sánchez Sancho en este sentido es muy meritoria, pues en otros casos las autorías se aproximan, a falta de documentación, por comparación estilística con otras piezas. Pero con el Cristo del Amparo la suerte, el esfuerzo y el trabajo de este investigador han dado sus frutos: el buceo en varios archivos de Salamanca y Madrid han dado como resultado el hallazgo del contrato, el testamento del mecenas y otros datos sin los cuales el Cristo del Amparo seguiría en el olvido. Además ha recorrido otras parroquias extremeñas que contienen tallas de Sobremonte para compararlas, como bien mostró ayer.

Es hora de recuperarlo para el patrimonio sacro de Béjar no sin antes divulgar su historia y relevancia, restaurar la pieza y quizá algún día sacarla en procesión por sus calles, una experiencia que nunca se ha dado al ser una imagen conventual.
A la conferencia asistieron representantes de las tres cofradías bejaranas a los que damos las gracias por su presencia.
Texto: Carmen Cascón Matas
Fotos: Enrique García Periáñez

