La guerra y su efecto en los niños son los temas elegidos por Yolanda Izard para su última novela “El viaje de los niños sin nombre”

La presentación de la novela El viaje de los niños sin nombre, de Yolanda Izard Anaya, tuvo lugar ayer en el Casino Obrero de Béjar y no en un sitio cualquiera, sino en su mullida, acogedora y abierta al monte biblioteca. El receso de los calores estivales permitió la comodidad de realizar la actividad sin echar mano del abanico entre anaqueles y estanterías repletos de libros. De libros precisamente trataba la conversación entre la autora y sus acompañantes y compañeros del Centro de Estudios Bejaranos Pedro Ojeda Escudero y Carmen Cascón Matas.

El recogido y silencioso ambiente de una amable biblioteca no puede ser más opuesto al viaje a través de los añicos materiales y vitales de un país en guerra. Ucrania es el lugar contextual de esta novela, pero bien podría ser Gaza o Irán o Sudán o tantos países en conflicto en este siglo XXI. Pero también los copos que caen en el centro de Europa en un paisaje de escarcha y nevada podrían ser los de las estepas rusas de las guerras napoleónicas o los de la Polonia de la Segunda Guerra Mundial, y los niños que mueren por un conflicto que no es el suyo los de Gaza. El viaje de los niños sin nombre es una novela universal porque retrata las guerras que fueron, son y serán.

Los niños sin nombre, sin nombre porque son deshumanizados por la violencia, recuerdan a los que sufrieron los campos de concentración, las masas humanas convertidas en números para quitarles la identidad y así borrarlos en las cámaras de gas sin compasión y sin remordimientos. Esos niños son los que la casualidad ha puesto en el camino de una enfermera voluntaria, un ser de luz, que intenta llevarles a un lugar seguro arriesgando su propia vida. En el viaje contemplarán un país devastado y se encontrarán con otros seres que, como ellos, la guerra ha arrebatado su vida y vagan por un contexto que sigue siendo el suyo sin serlo. Las historias que se entrecruzan son tan conmovedoras como las suyas propias y están llenas de ternura y delicadeza como solo Yolanda Izard es capaz de hacerlo.

El profesor Pedro Ojeda Escudero hizo un análisis profundo de la novela afirmando que en ella se resumen todos los libros anteriores de la autora. Con una prosa poética que no suaviza los desastres de la guerra, presenta ante el lector un libro duro, que como bien dijo al principio de su intervención, no es adecuado para llevarse a la playa. Aun con todo es una novela necesaria y universal, que refleja esta y todas las guerras pasadas, presentes y venideras. El lector se pone en el lugar de esos personajes y se interpela qué haría en esas situaciones que se les presentan en un viaje cada vez más duro y cruel. Los seres con los que se topan se ayudan entre sí, como si al hacerlo espantaran la maldad humana que les rodea. Por su parte, la autora aclaró muchos aspectos y leyó algunos fragmentos de su obra.

Al finalizar la autora firmó libros a los presentes. La actividad es la tercera del programa “Hablamos de libros en el Casino Obrero” y contó con gran presencia de público, entre los que se encontraban la presidenta del Casino Isabel de la Cruz y otros miembros de la junta del ateneo, además de miembros del Centro. La novela está editada por Eolas Ediciones.

Texto: Carmen Cascón Matas

Fotos: Enrique García Periáñez

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