La escritora Charo Alonso presentó su nueva novela en Béjar

Confieso que conocí a la escritora salmantina Charo Alonso por casualidad y en ese acercamiento tuvo que ver un regalo, un regalo, como no podía ser de otra manera, en forma de libro. Cuando llegó a mis manos hace diez años Dama Luna lo leí con curiosidad al principio, una curiosidad que se convirtió en admiración por la escritora a las pocas páginas, una admiración que cuajó por obra y gracia de las redes sociales. Una petición de amistad y la magia comenzó. Podría haberse quedado en un mero seguimiento sin más, pero los mensajes comenzaron a intercambiarse y la invitación a que viniera a presentar Tiempo de sementera con Carmen Borrego se convirtió en realidad hace un par de años. Luego vinieron las colaboraciones y la conferencia de 2025 sobre Carmen Martín Gaite, siempre teniendo como marco el Casino Obrero y como organizador el Centro de Estudios Bejaranos.

Hace un par de meses, el anuncio de que su nueva novela, El burdel de Alejandría, con Castilla Ediciones iba a salir a la luz propició una nueva invitación y Charo Alonso dijo que sí de nuevo, sin pestañear. Ayer la magia de sus letras y de su dulce voz volvieron al Casino Obrero, con promesa de una visita próxima.

La petición por parte de Charo de darle la réplica me cayó de improviso apenas unos minutos antes de comenzar el acto. No le llego a la altura de los zapatos, me dijo esa voz que siempre me hace pequeñita… pero ella me lo pedía como amiga y no como escritora. Y acepté el reto de darle pie a que nos hablara de la historia de Elena y Jaime, protagonistas de El burdel de Alejandría, de esa pareja desigual, de esa esposa joven arrastrada por un marido ambicioso por el éxito en una carrera profesional desenfrenada, de ese regreso a Salamanca que les atrae como un imán, de esa familia de él de manteles de hilo y cristalería fina, de esa familia de ella de hules y vajillas de ámbar, de esa advenediza de Elena que nunca encontró su sitio en la familia política, esa chica alta y desgarbada refugiada entre libros, aislada del mundo entre la literatura. Y me zambullo en la casa modernista de esa tía de Jaime, hija de indianos, que vivía sola al lado de la vía del tren. Una casa de paredes desconchadas por la humedad, baldosas hidráulicas, invernadero de cristales rotos, muñecas de biscuit, cedro en el jardín y recuerdos a cada paso.

Con Salamanca siempre como fondo, Charo repasa sus lazos con Béjar, cuando venía con su padre a reparar máquinas de coser de Vértex y ella hacía de improvisada secretaria. Y lanza la pregunta que siempre tiene en los labios en cuanto pisa esta ciudad: qué misterio tendrán las aguas del río Cuerpo de Hombre para que hayan nacido tantos escritores y artistas. Y recordamos a Yolanda Izard, y a Marcelo Matas, y a Bea Alcaná, y a Luis Felipe Comendador, y a Antonio Gutiérrez Turrión, que está entre el público, y a Tomás García Merino, y a José Antonio Sánchez Paso, y a Mercedes Riba, y a tantos otros que ahora se me escapan… Y recordamos también a Josefa Montero y su música, y a la periodista Ana Sánchez White que ha venido a acompañarnos, como la siempre creativa Margarita Íñiguez y el investigador Juan Antonio Frías Corsino, y a Venancio Sánchez y su librería de Mogarraz, a Mateo Hernández y sus cinceles, a todos los componentes del Centro de Estudios Bejaranos y sus ganas de investigar… Y a los que consideramos bejaranos y casi lo son como al pintor Antonio Varas de la Rosa y a la presidenta del Casino Isabel de la Cruz…

Y comentamos cómo es la magia de las redes, pero que hay que conocerse, establecer lazos personales, hacer encuentros, intercambiar ideas, tejer redes, como la vez que estuvo Carmen Borrego, la autora del dibujo de la cubierta de esta novela, o la invitación a Charo García de Arriba teniendo como nexo siempre a Charo, que hoy nos presenta al poeta Chema García para nuevos proyectos futuros, teniendo a su vera a su siempre inseparable Fernando Sánchez.

Y terminamos en la siempre mágica biblioteca del Casino Obrero, haciéndonos fotografías a la luz de la puesta de sol frente al monte y entre libros, y dando un paseo hasta la Plaza Mayor flanqueados por esas casas graníticas, de baldosas hidráulicas y dos o más puertas, de jardines con cedros y de historias aún latiendo buscando quien las escriba.

Texto: Carmen Cascón Matas

Fotos: Enrique García Periáñez

 

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