Charo García de Arriba compartió sus investigaciones sobre el Tríptico de El Zarzoso en Béjar

Cuando el Centro de Estudios Bejaranos  invitó en marzo a Charo García de Arriba para que nos ofreciera la charla “El pintor de los Zúñiga. Tras la huella del tríptico del Zarzoso”, la Navidad había quedado atrás. La investigadora había recorrido y compartido en distintas localidades de la provincia de Salamanca los resultados de sus pesquisas sobre las tablas góticas del convento de Portacoeli, en el municipio de El Cabaco, durante las fiestas navideñas. Pero Béjar había llegado tarde y de mutuo acuerdo la emplazamos para el invierno. Sin embargo, una pequeña inconveniencia retrasó aún más la cita hasta que ayer, por fin, pudo tener lugar el encuentro en el Casino Obrero de Béjar. 

Sin duda alguna Charo García de Arriba es una excelente divulgadora, amena y expresiva, como bien nos demostró ayer a aquellos que tuvimos el privilegio de escucharla. Citando siempre las fuentes de las que extrae la información, recorrimos con ella las vicisitudes que han sufrido las tablas de un anónimo Maestro del Zarzoso, ahora Maestro Felipe, desde El Cabaco hasta llegar al Museo del Prado, donde se exhiben hoy en la sala 52A.

Fechadas hacia la mitad del siglo XV, muestran una heráldica que las relacionan directamente con la Casa Zúñiga, el linaje que se enseñoreó en estas tierras durante varios siglos. La investigadora las relaciona con Elvira de Zúñiga, hija de Pedro de Zúñiga y hermana del primer duque de Béjar, o de alguien de su familia, quizá su hijo Fernando. Destinado el tríptico a un entorno palaciego,  fue donado al convento en una fecha indeterminada para vincularse con él durante siglos hasta que fue vendido por las monjas en los años 60 para llevar a cabo obras de adaptación en el cenobio. En 2014 fue comprado por el Museo del Prado a la Colección Várez Fisa.

Con estos mimbres, la investigadora natural de Tamames desveló el contexto histórico y heráldico en que se gestó a mediados del siglo XV, mostró detalles iconográficos, incluso modos de vida y vestimenta, siguiendo pequeños rasgos mostrados en las escenas plasmadas en el tríptico y comparándolo con otras tablas góticas dedicadas a la Virgen de la zona.

Ahora, cada vez que visitemos el Museo del Prado, no solo desearemos contemplar Las Meninas, El Jardín de las Delicias o Los fusilamientos del Dos de Mayo. Descenderemos a los sótanos para buscar, entre tantas tablas góticas, el Tríptico del Zarzoso como algo un poco nuestro, aunque solo sea por su cercanía y porque luce el escudo que tantas veces vemos en nuestros paseos por Béjar.

Texto: Carmen Cascón Matas

Fotos: Enrique García Periáñez

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